Malos resultados estético-funcionales tras una rinoplastia

Malos resultados estético-funcionales tras una rinoplastia
Licenciada en Periodismo y Máster en Relaciones públicas y Gabinetes de Comunicación. Me encanta escribir y comunicarme con los demás. Actualmente, redacto contenidos y artículos en Multiestetica.
Creación: 23 feb 2018 · Actualización: 16 jul 2019

Cuando nos sometemos a una cirugía estética queremos que los resultados sean los que esperamos: que nuestra apariencia mejore, que el problema que teníamos se haya eliminado. Pero lo que no queremos es que la operación nos deje secuelas, sobre todo si estas son visibles o limitan la funcionalidad de aquella parte que ha sido tratada.

Es el caso, por ejemplo, de la rinoplastia, una operación compleja y minuciosa que requiere de conocimientos quirúrgicos pero también de pericia y experiencia, y que conlleva un posoperatorio y una posterior recuperación molestas y dolorosas. Cuando finalmente nos quitan los tapones, cuando podemos respirar sin sentir la nariz taponada y sin sufrir dolor, cuando la inflamación ha bajado y podemos mirarnos al espejo sin asustarnos... cuando todo eso sucede, lo que no queremos es comprobar que el resultado estético no es el esperado, o que la intervención impide poder respirar con normalidad. Porque no nos podemos olvidar de que el resultado estético es sumamente importante, pero el resultado funcional es vital. Asegurar que la nariz hace su función adecuadamente es indispensable cuando se realiza una rinoplastia.

¿Cómo reducir las posibilidades de que se produzcan malos resultados estético-funcionales?

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Como con cualquier intervención quirúrgica, antes de someternos a una rinoplastia el cirujano debe valorar la operación, examinar al paciente, leer su historial médico, observar los resultados de las analíticas… Pero, además, tendrá que explorar de manera detallada la nariz, las características de los huesos, cartílagos y tejidos, cómo llevará a cabo la intervención y que riesgos pueden presentarse a tenor de la observación del paciente.

Con todos estos datos, podrá plantear la cirugía de manera que esta conlleve menos riesgos o impida que se produzcan no solo problemas estéticos sino también funcionales causados por un abordaje inadecuado o por una mala recuperación de los tejidos tras la intervención.

Como siempre decimos, una manera segura de garantizar que se sigue el protocolo preoperatorio es confiar únicamente en cirujanos especializados en rinoplastias, médicos cualificados y colegiados con una larga experiencia profesional en la cirugía nasal.

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Problemas estético-funcionales más habituales tras una rinoplastia

Diversas fuentes apuntan que entre un 5 y un 30% de las operaciones de cirugía de nariz se complican. En muchas ocasiones, estos problemas son leves, como hematomas, infección o inflamación. Pero en otros casos, pueden ser más graves. Es el caso, por ejemplo, de la ceguera posrinoplastia, del absceso craneal, de las hemorragias, del shock séptico o de la aparición de meningitis.

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La mayoría de ellas son complicaciones inherentes a cualquier proceso quirúrgico, en el que el posoperatorio y el consiguiente periodo de recuperación pueden complicarse. Pero las hay que son malos resultados estéticos o funcionales derivados de un erróneo examen médico o de la poca pericia del cirujano, pues la intervención ha ocasionado un empeoramiento de la apariencia estética o una incapacidad funcional.

En el propio foro de Multiestética encontramos consultas de pacientes que no están contentos con los resultados conseguidos tras la rinoplastia, bien porque siguen teniendo la nariz obstruida, bien porque no les gusta la apariencia de este órgano tras la operación.

Los problemas más habituales son los siguientes:

Nariz pinzada

Aparece cuando se ha realizado una extracción severa del cartílago alar que ha provocado un estrechamiento destacado de la punta nasal. También puede producirse como consecuencia de haber puesto las suturas muy apretadas en esa parte de la nariz.

No se trata solo de un problema estético, sino que dicho estrechamiento ocasiona un colapso de la válvula nasal y una obstrucción respiratoria.

Para reducir la posibilidad de que se produzca esta malformación, muchos cirujanos emplean injertos de cartílago, procedentes del canal auricular, para reforzar el cartílago o el tabique antes de la resección.

Pico de loro

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Esta deformidad se produce cuando la unión entre la punta y la suprapunta no es la adecuada porque el tamaño de esta última es mayor. El posible origen de este resultado pueda ser una cicatrización exagerada de la suprapunta, pero también puede deberse a la pérdida del soporte de la punta nasal o a problemas en la extirpación del caballete óseo o del dorso cartilaginoso.

Si después de la rinoplastia la nariz se asemeja al pico de esta ave, tendremos que acudir a nuestro cirujano para que este estudie el origen de esta deformación, ya que deberá ser tratada de manera específica. Por ejemplo, si se debe a que ha cicatrizado en exceso, el médico probará a inyectar esteroides en la nariz. Si el problema persiste, habrá que intervenir nuevamente para extraer parte de ese tejido de más. En cambio, si el problema ha sido que se ha sobrepasado la extirpación del caballete óseo, el especialista colocará un injerto; y si está en una resección escasa del dorso cartilaginoso, tendrá que extirpar más tejido. La pérdida del soporte de la punta puede solucionarse con la inserción de un puntal en la columela.

Nariz en silla de montar

Este resultado se debe a una extirpación exagerada de parte del dorso cartilaginoso, lo que origina que el dorso nasal esté hundido porque el soporte de la bóveda nasal no es el adecuado. No se trata únicamente de una cuestión estética, pues esta deformación genera obstrucción nasal y problemas para respirar con normalidad. Por ello, los cirujanos tienden a dejar 15 mm de grosor cuando intervienen, para evitar que se produzca este problema.

La solución pasa también por colocar un injerto óseo o realizado de material aloplástico.

Ptosis o caída de la punta

Esta deformación implica, además, la pérdida del ángulo nasolabial, el acortamiento del labio superior y la aparición de un pliegue en la zona del filtrum o surco subnasal. El motivo más común es una extracción desproporcionada del cartílago o de la espina nasal. Igual que en la mayoría de los casos, los cirujanos suelen poner injertos para levantar la punta.

Retracción alar

Está provocada por una resección exagerada de la porción lateral del cartílago alar. La cicatriz generada tensa y retrae el ala hacia el cartílago, lo que determina que la columela y la piel del vestíbulo queden demasiado visibles.

Para contrarrestar este problema los médicos suelen colocar injertos de tejido, algunas veces cartilaginoso, en la cara vestibular del ala o en el espacio existente entre el cartílago alar y el triangular.

Perforación septal o del tabique nasal

Es quizá una de las complicaciones más habituales de la rinoplastia. Si la perforación impide la correcta funcionalidad de la nariz, debe ser corregida por medio del uso de colgajos e injertos sobre la zona del tabique que está perforada.

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