Grasas buenas y grasas malas: ¿Cuál es la diferencia?

Grasas buenas y grasas malas: ¿Cuál es la diferencia?
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Creación: 8 jul 2019 · Actualización: 8 jul 2019

La grasa no hace que acumulemos grasa, por lo menos las grasas buenas. Es un nutriente fundamental para nuestro organismo, al igual que las proteínas y los carbohidratos. Pero aportan el doble de calorías que los otros dos nutrientes, 9 kcal por cada gramo. Por esto, en la alimentación diaria no se añaden los mismos gramos de grasas que de carbohidratos y proteínas, pero no deben eliminarse de la dieta si el objetivo es adquirir unos hábitos saludables.

¿Son todas las grasas buenas?

No es tan sencillo como diferenciarlas entre el bien y el mal, entre las grasas buenas y malas. Pero sí es importante conocer los diferentes tipos de grasas que existen y ajustar las cantidades en nuestra alimentación diaria.

Grasas saturadas. Son sólidas a temperatura ambiente y se encuentran en aquellos alimentos de origen animal (carne, embutidos, mantequilla, quesos grasos). El exceso de estas grasas en la dieta provoca niveles altos de colesterol en sangre y un aumento del colesterol malo, también conocido como LDL. Esto es uno de los principales factores de riesgo para las enfermedades de corazón y puede favorecer la obesidad. Sin embargo, una cortada de pechuga de pollo tiene grasas saturadas, pero apenas contiene 0,5 gramos. Por lo tanto, incluir algún alimento con grasas saturadas (en una cantidad moderada) no es perjudicial para la salud.

Grasas insaturadas. Estas, a diferencia de las grasas saturadas, son líquidas a temperatura ambiente, y las encontramos en los alimentos de origen vegetal: semillas, aceites, frutos secos.

Tipos de grasas insaturadas

  • Grasas poliinsaturadas. Este tipo de grasas, al no ser sintetizadas por el organismo, debemos incluirlas en nuestra dieta: Omega 3 (nueces, pescados azules) y Omega 6 (maíz, semillas de girasol, soja).
  • Grasas monoinsaturadas. Ayudan a reducir el nivel de colesterol malo (LDL): nueces, aguacates, aceites canola, de oliva, de girasol…
  • Grasas trans. Estas grasas son consideradas las más perjudiciales, las que llamamos “grasas malas”. Se forman mediante un proceso químico denominado hidrogenación: se inyecta hidrógeno en determinados aceites vegetales para que se vuelvan sólidos a temperatura ambiente. Es decir, son grasas insaturadas que pasan a ser saturadas por la hidrogenación: galletas, margarina, bollería industrial. Las podemos encontrar, sobre todo, en la industria alimentaria debido a su potenciador de sabor y su perdurabilidad. Estas grasas no solo aumentan los niveles de colesterol malo (LDL), sino que además reducen los niveles del colesterol bueno (HDL).

Por lo tanto, siguiendo estos consejos se pueden adquirir unos hábitos saludables:

  • ¿Qué calidad y tipo de grasa estamos consumiendo?
  • Reducir el aporte de las grasas saturadas y de las trans.
  • El consumo de grasa es necesario para el organismo humano, pero en niveles moderados para prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares y obesidad.

Saber distinguir entre las grasas buenas y malas es fundamental para adquirir una vida saludable. Cuando vayamos al supermercado dispuestos a empezar o mantener un estilo de vida saludable, sería aconsejable mirar las etiquetas para comprobar si los alimentos contienen grasas trans o saturadas, y limitar su consumo.

Aprender a comer tras una reducción de peso

La reeducación alimentaria es necesaria en muchos casos, sobre todo en aquellos en los que se ha sometido a una reducción de estómago: (Método POSE, Método ROSE, balón gástrico, manga gástrica). El programa de reeducación es esencial, con la que los expertos conducen al paciente hacia unos hábitos de vida saludables. De este modo, se garantiza que el cambio sea definitivo. El grado de implicación del paciente en el programa es fundamental para lograr que el éxito se prolongue en el tiempo.

En Minerva, la unidad de nutrición y obesidad de Clínicas Dorsia, se realiza un programa de seguimiento después de la intervención. Un equipo formado por psicólogos, nutricionistas, médicos y coach, guían al paciente durante 2 años. El primer año, se realiza un control evolutivo semanal con el médico en la clínica y una vez a la semana el paciente se reúne con el psicólogo. Durante el segundo año, sigue habiendo un control evolutivo semanal con el médico, pero el seguimiento psicológico pasa a ser bimensual.

Las reducciones de estómago no son una píldora mágica, sino una herramienta para modificar y corregir los malos hábitos alimentarios. Por lo que el grado de implicación en el programa es vital para lograr que el éxito sea duradero.

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